GACHABASE
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Llave de la Trascendencia

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Stats

Lv. 90/90
ATQ Base 674
Daño CRIT 44.1%

Weapon Effect

Coronación del hada blanca

El ATQ aumenta en un 16%.
Además, cada vez que el portador de esta arma golpee a un enemigo con un Ataque Cargado, obtendrá brevemente el efecto de “trascendencia”, el cual aumenta en un 20% su daño de Superconductor Estelar durante 5{NON_BREAK_SPACE}s. Este efecto puede acumularse hasta 3 veces y solo se puede obtener 1 carga cada 0.2{NON_BREAK_SPACE}s.

Total Materials

Description

Los héroes de cada historia siempre encuentran su espada santa para enfrentarse a sus enemigos.
Pero, al final de todas las historias, aunque el villano sea muy poderoso e ingenioso, siempre acaba siendo derrotado a manos de un héroe que empuña una espada.

“¿Otra vez lo mismo? El héroe vence a su malvado archienemigo y vive feliz para siempre junto a la princesa...”.
La joven dama, tan inteligente como elegante, cerró el libro. El mecabot que había a sus espaldas emitió un ligero sonido de confusión.
“No lo entiendo, Alain. ¿Por qué todas las historias son iguales? El héroe siempre acaba ganando”.

“Bueno, supongo que un final feliz y fácil de entender siempre es más popular para una historia.
Tenía un amigo al que le encantaba jugar al ajedrez. Aunque, ahora que lo pienso, quizá lo que más le gustaba no era el juego en sí, sino las metáforas que implicaba.
En palabras de él, ‘las piezas del ajedrez están sometidas a los movimientos que pueden hacer según las reglas del juego, igual que aquellos de voluntad débil están sometidos al destino’.
Lo mismo ocurre con las historias: si hay un héroe que empuña una espada sagrada, inevitablemente habrá un dragón malvado al que deberá derrotar”.

La inteligente y elegante dama reflexionó durante unos segundos y enseguida llegó a una conclusión perfecta:
“No lo entiendo”.

“Entonces, deja que te cuente una historia diferente; una en la que el héroe que empuña la espada sagrada no sale victorioso.
“Hace mucho, mucho tiempo, en un lugar muy, muy lejano...
Había un reino gobernado por un malvado dragón blanco...”.

...

Según la profecía, el reino avanzaba hacia la sequía que lo esperaba en su inevitable final, uno en el que hasta la hermosa princesa se marchitaría.
Para salvar al mundo, al borde del colapso dentro de su cascarón, el héroe de los Narcisos decidió ir en busca de la espada sagrada más grandiosa de la que hablaban las leyendas.
Estaba convencido de que solo cortando los lazos mundanos y aunando los deseos de la gente podría alcanzar la orilla que había al otro lado del bien y del mal.

Generoso en su sacrificio, sin miedo en la despedida, sin vacilación ante el dolor.
El héroe de los Narcisos tenía unos sueños tan nobles y grandiosos...
Tanto era así que su frágil cuerpo mortal no podía soportar su peso.
Por eso, el héroe anhelaba trascender la debilidad de la carne.
Anhelaba cargar él solo con todos los pecados y con todo el sufrimiento.
Anhelaba enjugar las lágrimas del mundo con la magia de la gloria.
Anhelaba la llamada “ascensión”, tal como el humano trascendió al simio.

Sin embargo... ¿podía un reino sin gente llamarse siquiera “reino”?
Así pues, aferrándose a sus viejas costumbres, el malvado dragón blanco quiso detener al valiente héroe justiciero.
Construyó un montón de trampas malignas y las distribuyó por todo el reino.
De modo que incluso el héroe de los Narcisos, que empuñaba una espada sagrada, acabó siendo acorralado por el dragón.

Antes de arrojarse a una gran fisura que lo disolvía todo, debió de recordar el tiempo que pasó con el dragón, pues dijo lo siguiente:
“No, no me dejaré llevar por el odio. Intentas detenerme porque tú nunca has visto lo que yo sí he presenciado.
Volveré para salvar a todas las almas y, aunque pasen diez o cien años, naceré como un nuevo universo”.

“Sus sueños siempre son tan sinceros...”, pensó el dragón malvado. Quizás incluso él llegó a desear en lo más profundo de su corazón, aunque solo fuera por un instante, que el héroe saliera victorioso.
Sin embargo, un dragón malvado siempre será un dragón malvado, por lo que jamás se conmovería ante la determinación de un héroe.
Así pues, tan solo observó cómo el héroe caía en la fisura y se disolvía vanamente junto con su sueño.

...

“El dragón malvado es muy malo”.

“Claro, por eso es un dragón malvado. Aunque venció al héroe, perdió todos los tesoros que más apreciaba.
Quizás simplemente no comprendía la decisión que había tomado el héroe, que soñaba con salvar el mundo humano, pero no aceptaba la debilidad de esta especie.
Si no podía hacer que todos se convirtieran en héroes capaces de trascender el destino, no tenía sentido que solamente una persona pudiera hacerlo”.

“Ja... No me gusta esta historia. El héroe es demasiado arrogante y el dragón es demasiado terco. Ambos son unos tontos y unos rígidos de mente.
El héroe dice que quiere salvar el mundo, pero ni siquiera es capaz de entender los sentimientos del otro. Yo jamás haría algo así”.

“Me alegro de que digas eso. Después de todo, sacrificarse a uno mismo para salvar el mundo no es más que un delirio absurdo.
El caso es que, como puedes ver, las historias en las que el héroe justiciero y bondadoso prevalece siempre son las más populares.
Los héroes de cada historia siempre encuentran su espada santa para enfrentarse a sus enemigos.
Pero, al final de todas las historias, aunque el villano sea muy poderoso e ingenioso, siempre acaba siendo derrotado a manos de un héroe que empuña una espada...”.