Story
Cascabel Cautivabrujas y Martillo del Juramento Cazahecatombes
Cascabel Cautivabrujas y Martillo del Juramento Cazahecatombes
El “secuestro” de Descartes había sumido a Prune en una inquietud que nunca antes había sentido.
Como una guerrera que se prepara para la acción inminente, se encerró en su habitación para repasar cada detalle de sus enfrentamientos con Alice. Cada vez que ambas llegaban a un punto en el que Alice ya no podía seguir con la discusión, la bruja del Aquelarre sacaba de repente un “objeto de colección” con una sonrisa radiante para recompensar a Prune por su victoria.
Al principio, a Prune no le parecieron nada especial estos “objetos de colección”. Seguramente no eran más que sobornos baratos, como los caramelos con los que los adultos te dan de comer para que te calles.
Pero ahora, una duda punzante afloró en su mente: si la bruja era tan poderosa, esas “cositas” que le había dado como si nada... ¿de verdad eran simples juguetes?
Cogió todos los premios que le había dado Alice y los colocó sobre la mesa para evaluarlos a fondo. Pero primero tenía que descartar las distracciones más evidentes: aperitivos variados en envases elegantes, pegatinas con diseños infantiles, peluches sin ninguna función especial... Finalmente, se centró en los dos objetos con mayor potencial.
La primera era una campana elaborada de forma excepcional. “Cuando suena el cascabel, hay probabilidad de que aparezca una bruja”, había dicho Alice de forma bastante ambigua. A partir de ahí, Prune dedujo que se trataba de algún tipo de “atrapabrujas”. En realidad, era una especie de campana que usaban anteriormente en las fiestas del té. El “hay probabilidad” de la afirmación de Alice se debía a que la asistencia nunca era obligatoria, por lo que era un misterio quién acabaría apareciendo, si es que alguien aparecía. Pero ahora que Prune le ha dado un nuevo propósito, el cascabel ha desempeñado de hecho un papel fundamental en sus aventuras. Aunque tocarlo nunca garantiza la aparición de una bruja, tampoco falla nunca a la hora de traer consigo aventuras realmente increíbles.
El segundo objeto era un martillo pesado y de aspecto imponente. Era el más grande y pesado de todos los premios que Prune le había ganado a Alice, y resultaba verdaderamente formidable e intimidante cada vez que lo blandía. Lo que ella no sabía era que, en realidad, se trataba de una herramienta de escultura que Alice había pensado regalarle a otra bruja, Nicole, aunque este obsequio tan exagerado fue posteriormente (y educadamente) rechazado por la destinataria, quien dijo: “Mi afición es la escultura, no la construcción y la demolición”. Como resultado, había estado acumulando polvo hasta que Alice finalmente encontró la excusa perfecta para deshacerse de él.
Estos dos regalos del Rey Dodo recibieron entonces un nuevo nombre de forma ceremoniosa, tras unas modificaciones muy lógicas y prácticas que Prune les hizo.
Ahora se les conoce como Cascabel Cautivabrujas y Martillo del Juramento Cazahecatombes.
Como una guerrera que se prepara para la acción inminente, se encerró en su habitación para repasar cada detalle de sus enfrentamientos con Alice. Cada vez que ambas llegaban a un punto en el que Alice ya no podía seguir con la discusión, la bruja del Aquelarre sacaba de repente un “objeto de colección” con una sonrisa radiante para recompensar a Prune por su victoria.
Al principio, a Prune no le parecieron nada especial estos “objetos de colección”. Seguramente no eran más que sobornos baratos, como los caramelos con los que los adultos te dan de comer para que te calles.
Pero ahora, una duda punzante afloró en su mente: si la bruja era tan poderosa, esas “cositas” que le había dado como si nada... ¿de verdad eran simples juguetes?
Cogió todos los premios que le había dado Alice y los colocó sobre la mesa para evaluarlos a fondo. Pero primero tenía que descartar las distracciones más evidentes: aperitivos variados en envases elegantes, pegatinas con diseños infantiles, peluches sin ninguna función especial... Finalmente, se centró en los dos objetos con mayor potencial.
La primera era una campana elaborada de forma excepcional. “Cuando suena el cascabel, hay probabilidad de que aparezca una bruja”, había dicho Alice de forma bastante ambigua. A partir de ahí, Prune dedujo que se trataba de algún tipo de “atrapabrujas”. En realidad, era una especie de campana que usaban anteriormente en las fiestas del té. El “hay probabilidad” de la afirmación de Alice se debía a que la asistencia nunca era obligatoria, por lo que era un misterio quién acabaría apareciendo, si es que alguien aparecía. Pero ahora que Prune le ha dado un nuevo propósito, el cascabel ha desempeñado de hecho un papel fundamental en sus aventuras. Aunque tocarlo nunca garantiza la aparición de una bruja, tampoco falla nunca a la hora de traer consigo aventuras realmente increíbles.
El segundo objeto era un martillo pesado y de aspecto imponente. Era el más grande y pesado de todos los premios que Prune le había ganado a Alice, y resultaba verdaderamente formidable e intimidante cada vez que lo blandía. Lo que ella no sabía era que, en realidad, se trataba de una herramienta de escultura que Alice había pensado regalarle a otra bruja, Nicole, aunque este obsequio tan exagerado fue posteriormente (y educadamente) rechazado por la destinataria, quien dijo: “Mi afición es la escultura, no la construcción y la demolición”. Como resultado, había estado acumulando polvo hasta que Alice finalmente encontró la excusa perfecta para deshacerse de él.
Estos dos regalos del Rey Dodo recibieron entonces un nuevo nombre de forma ceremoniosa, tras unas modificaciones muy lógicas y prácticas que Prune les hizo.
Ahora se les conoce como Cascabel Cautivabrujas y Martillo del Juramento Cazahecatombes.
Cascabel Cautivabrujas y Martillo del Juramento Cazahecatombes
Cascabel Cautivabrujas y Martillo del Juramento Cazahecatombes
El “secuestro” de Descartes había sumido a Prune en una inquietud que nunca antes había sentido.
Como una guerrera que se prepara para la acción inminente, se encerró en su habitación para repasar cada detalle de sus enfrentamientos con Alice. Cada vez que ambas llegaban a un punto en el que Alice ya no podía seguir con la discusión, la bruja del Aquelarre sacaba de repente un “objeto de colección” con una sonrisa radiante para recompensar a Prune por su victoria.
Al principio, a Prune no le parecieron nada especial estos “objetos de colección”. Seguramente no eran más que sobornos baratos, como los caramelos con los que los adultos te dan de comer para que te calles.
Pero ahora, una duda punzante afloró en su mente: si la bruja era tan poderosa, esas “cositas” que le había dado como si nada... ¿de verdad eran simples juguetes?
Cogió todos los premios que le había dado Alice y los colocó sobre la mesa para evaluarlos a fondo. Pero primero tenía que descartar las distracciones más evidentes: aperitivos variados en envases elegantes, pegatinas con diseños infantiles, peluches sin ninguna función especial... Finalmente, se centró en los dos objetos con mayor potencial.
La primera era una campana elaborada de forma excepcional. “Cuando suena el cascabel, hay probabilidad de que aparezca una bruja”, había dicho Alice de forma bastante ambigua. A partir de ahí, Prune dedujo que se trataba de algún tipo de “atrapabrujas”. En realidad, era una especie de campana que usaban anteriormente en las fiestas del té. El “hay probabilidad” de la afirmación de Alice se debía a que la asistencia nunca era obligatoria, por lo que era un misterio quién acabaría apareciendo, si es que alguien aparecía. Pero ahora que Prune le ha dado un nuevo propósito, el cascabel ha desempeñado de hecho un papel fundamental en sus aventuras. Aunque tocarlo nunca garantiza la aparición de una bruja, tampoco falla nunca a la hora de traer consigo aventuras realmente increíbles.
El segundo objeto era un martillo pesado y de aspecto imponente. Era el más grande y pesado de todos los premios que Prune le había ganado a Alice, y resultaba verdaderamente formidable e intimidante cada vez que lo blandía. Lo que ella no sabía era que, en realidad, se trataba de una herramienta de escultura que Alice había pensado regalarle a otra bruja, Nicole, aunque este obsequio tan exagerado fue posteriormente (y educadamente) rechazado por la destinataria, quien dijo: “Mi afición es la escultura, no la construcción y la demolición”. Como resultado, había estado acumulando polvo hasta que Alice finalmente encontró la excusa perfecta para deshacerse de él.
Estos dos regalos del Rey Dodo recibieron entonces un nuevo nombre de forma ceremoniosa, tras unas modificaciones muy lógicas y prácticas que Prune les hizo.
Ahora se les conoce como Cascabel Cautivabrujas y Martillo del Juramento Cazahecatombes.
Como una guerrera que se prepara para la acción inminente, se encerró en su habitación para repasar cada detalle de sus enfrentamientos con Alice. Cada vez que ambas llegaban a un punto en el que Alice ya no podía seguir con la discusión, la bruja del Aquelarre sacaba de repente un “objeto de colección” con una sonrisa radiante para recompensar a Prune por su victoria.
Al principio, a Prune no le parecieron nada especial estos “objetos de colección”. Seguramente no eran más que sobornos baratos, como los caramelos con los que los adultos te dan de comer para que te calles.
Pero ahora, una duda punzante afloró en su mente: si la bruja era tan poderosa, esas “cositas” que le había dado como si nada... ¿de verdad eran simples juguetes?
Cogió todos los premios que le había dado Alice y los colocó sobre la mesa para evaluarlos a fondo. Pero primero tenía que descartar las distracciones más evidentes: aperitivos variados en envases elegantes, pegatinas con diseños infantiles, peluches sin ninguna función especial... Finalmente, se centró en los dos objetos con mayor potencial.
La primera era una campana elaborada de forma excepcional. “Cuando suena el cascabel, hay probabilidad de que aparezca una bruja”, había dicho Alice de forma bastante ambigua. A partir de ahí, Prune dedujo que se trataba de algún tipo de “atrapabrujas”. En realidad, era una especie de campana que usaban anteriormente en las fiestas del té. El “hay probabilidad” de la afirmación de Alice se debía a que la asistencia nunca era obligatoria, por lo que era un misterio quién acabaría apareciendo, si es que alguien aparecía. Pero ahora que Prune le ha dado un nuevo propósito, el cascabel ha desempeñado de hecho un papel fundamental en sus aventuras. Aunque tocarlo nunca garantiza la aparición de una bruja, tampoco falla nunca a la hora de traer consigo aventuras realmente increíbles.
El segundo objeto era un martillo pesado y de aspecto imponente. Era el más grande y pesado de todos los premios que Prune le había ganado a Alice, y resultaba verdaderamente formidable e intimidante cada vez que lo blandía. Lo que ella no sabía era que, en realidad, se trataba de una herramienta de escultura que Alice había pensado regalarle a otra bruja, Nicole, aunque este obsequio tan exagerado fue posteriormente (y educadamente) rechazado por la destinataria, quien dijo: “Mi afición es la escultura, no la construcción y la demolición”. Como resultado, había estado acumulando polvo hasta que Alice finalmente encontró la excusa perfecta para deshacerse de él.
Estos dos regalos del Rey Dodo recibieron entonces un nuevo nombre de forma ceremoniosa, tras unas modificaciones muy lógicas y prácticas que Prune les hizo.
Ahora se les conoce como Cascabel Cautivabrujas y Martillo del Juramento Cazahecatombes.

